¿Es el Poker la ‘tierra prometida’?

Si alguien me hubiera dicho a mis cuarenta que iba a ser jugador de poker, diplomático del aprendizaje de este dicho por muchos deporte, seguramente me habría cogido otra cerveza de la nevera -la más fría- y me la hubiera trincado de un trago, me hubiera reído que cojones, vamos, que me hubiera descojonado.

Porque en lo mio no estaba el poker, máximo si las cartas que jugaba mas alla de las partidas con la familia a la brisca, chinchon y demás juegos, siempre fueron, como no, en nochevieja o navidad, entre buen vino y risas,  buscando mi técnica perfecta para ganarle esos céntimos a mi abuela.

Donde esta el poker de las pelis….

 

Antes del poker, mi maestría ya me llevo por lugares inciertos, o eso pensaba hasta que compruebo que todavia quedan cosas inciertas y así encontré el poker. Siempre me lo imagine entre hombres sudorosos, machos de pelo en pecho, sombrero vaquero y pistola. Sirvientes de su patria, capaces de matar con la mirada, la misma con la que miran a esa mesera ardiente de deseo que enseña la pierna.

Y ahora aquí me encuentro preguntándome donde esta el humo del cigarro, el whisky de barril, los hombres malos y sobre todo…donde están las putas.

Me encuentro en el lugar opuesto, sentado en mi casa, cálida, tranquila, acompañado de buena música, sin mas malos humos que la de mi chica, sin la calidez del sudor de una buena partida de poker en el sótano de cualquier tugurio.

Sin comerlo ni beberlo -aunque sean ambas mis mayores pasiones-, acabó en el mundo del porker y que este sea el juego elegido no es coincidencia. Su acogida tiene una herencia compartida, la de hacerse rico sin salir de casa, maldita panacea. Así que me instaló una base que parece militar entre tablas y miles de copias para saber de que va esto del poker.

Con una nevera en la que nunca falta cerveza y el poker por bandera nos lanzamos a la aventura, quien sabe, quizá sea el mejor embajador improvisado que mi país ha tenido.

Ya lo decía Joaquín Sabina. A nadie le puede importar en cierto momento que uno tenga sus vicios. El vicio de juego era claro. De mujeres nada, con una que me ponga firme ya me vale, no fumo, bebo un par de cervezas como mucho, y desde luego adicto al trabajo no soy. En algún momento tenia que caer en las garras del juego, perdón, en las garras del deporte quise decir….o no.

Y asi acabo en mi lugar favorito los microlimites, cómo no, y mas cuando estoy empezando. Creo que lo recordaré siempre como el día en que conocí la farandula del poker, pagadores sin consuelo de unos miserables centimos, ganadores orgullos de poder ingresar lo suficiente para pagarse un cafe, borrachos que saben que con 27s hay que ir “allin” si o si, y no podian faltar los habladores aburridos que encuentran en el chat la manera mas cercana de tener conversación humana si no es bajo la luz de los neones en un garito de carretera previo pago. Voy sin frenos, nunca calibro el peligro y no me voy a rendir ante estos personajes orgullosos seria imposible vivir sin ellos.

La rutina parece que es siempre la misma. Llego a la zona Vip de microlimites poco después de amanecer, recuerden que estoy en Asia, lado contrario del mundo y, antes de nada, Yogur, bananas, y un buen cafe con leche.

Oigo los pitidos de la siguiente partida, me largo, despidiéndose como nunca lo haría un caballero.

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